hace 1 hora - MUNDO
OXIO es el primer temerario en adquirir una compañía de telecomunicaciones bajo el nuevo marco legal y regulatorio en México. La operación invita a una reflexión profunda por parte de las autoridades en su trabajo sectorial, especialmente por la salida de México de un jugador histórico como es Telefónica, pues al final, la compraventa de Movistar representa más bien un cambio de manos que una incursión inédita: OXIO no es un actor nuevo, sino uno que ya participaba en la industria, sólo que desde otra vertical de negocio.
La noticia, sin embargo, es positiva para Telefónica que después de siete años consigue un comprador en firme para su división mexicana, la que vendió en 3.1 veces el EBITDA de la compañía con respecto a sus ingresos anuales aquí, una valoración de 1.5 veces por debajo de la referencia para las recientes ventas sudamericanas. La cifra refleja el valor real de una compañía que ya operaba sin activos de infraestructura física ni concesiones de espectro propias en el país, aun cuando no está del todo claro todavía si en la compraventa se incluyó la participación de Telefónica en el consorcio GTAC y no por ello tampoco, AT&T tendría que rebajar su valor en una potencial venta, pues el contexto de esa compañía es otro.
Lo importante está en que, por su propia naturaleza de negocio, OXIO está en posición de convertirse en una suerte de un Amazon Web Services de la conectividad y con un modelo de negocio de telecomunicaciones basado en la nube; uno más ágil y más digital también: OXIO es un agente que puede operar como carrier de carriers y hasta ahora se ha centrado más en atender empresas que a usuarios finales, pues Coppel, Mercado Pago y Rappi han hecho negocio con esa compañía que ahora pasa a convertirse la tercera marca del mercado móvil mexicano.
OXIO también se convierte en un ejemplo de notoriedad mundial, al ser una compañía proveedora de soluciones de telecomunicaciones como servicios (TAAS) que ya atendía a cerca de 2 millones de usuarios en Estados Unidos, a ser el operador de otros 21 millones de accesos en México.
La adquisición de Movistar por parte de un jugador inesperado abre otras interrogantes sobre el futuro de esa cartera de negocios hacia el año 2030. Esa fecha será clave, pues marca el fin del acuerdo de compartición de infraestructura con AT&T, el cual permite actualmente a Movistar gestionar el tráfico de sus usuarios a través de la red de ese competidor.
El directorio de OXIO podría considerar una renovación de su alianza con AT&T, aun cuando mantiene vínculos comerciales con Altán y Telcel. La diferencia crítica radica en que Telcel y AT&T ofrecen una robustez de red muy superior a aquella de la Red Compartida de Altán Redes. Esto coloca entonces a Altán bajo una nueva presión para adquirir espectro de capacidad, para no dejar escapar una oportunidad de negocio mayorista que, según fuentes del sector, en su momento fue fundamental para que AT&T consiguiera recuperar más rápido las inversiones realizadas hace una década en su red celular con cobertura para atender a 100 millones de personas.
De esta manera, la transacción OXIO-Telefónica lanza una señal clara al mercado, pues obliga a los competidores a revisar sus estrategias de largo plazo y al mismo tiempo, es un proceso que pone a prueba la capacidad de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) y la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA), enfrentándolas a su primera misión de alto perfil en lo que va de sus cortas vidas.
“Movistar México mantendrá su marca, su equipo directivo y su compromiso con los suscriptores. Si eres usuario de Movistar, puedes esperar mejoras en el servicio en el futuro. Esto es una transformación tecnológica, no una renovación de la gestión”, dijo el director general de OXIO, Nicolas Girard.
Las palabras del CEO de OXIO indicarían que Movistar México será un operador para experimentar con una oferta de conectividad combinada con productos de valor agregado, muestra de las telecomunicaciones del futuro.
“El modelo de negocio de OXIO no es sólo conectividad: su tecnología BrandIQ proporciona inteligencia a nivel de red que ayuda a entender el comportamiento de los suscriptores, informar decisiones de producto y potenciar estrategias de marketing más efectivas, incluyendo tendencias de uso de apps, patrones de movilidad y señales de engagement. Veinte millones de suscriptores mexicanos son un dataset enorme para esto”, dijo Guillermo Solomon, uno de los expertos en telecomunicaciones más reconocido de Latinoamérica.
“Sin duda, ellos van a aprovechar lo que Movistar construyó aquí. La expectativa no es el cambio de marca, sino de un cambio de identidad, hacia dónde quieren ir con una operación más ligera, un cambio de plataforma (…) En la parte de consumo, ellos ya tienen una oferta masiva; B2B y pueden crear casos más específicos de Internet de las cosas; algo de movilidad para las Pymes. Son agregadores y son habilitadores, eso es un cambio de identidad”, comentó Jesús Romo, research director en GlobalData.
Telefónica Movistar es percibido como un operador tradicional de red, pero en la práctica era más bien un Full MVNO, similar en algunos aspectos a los operadores móviles virtuales (OMV) como BAIT y la acción que tome OXIO acerca de por dónde o cómo moviliza el tráfico de Movistar, cambiará la percepción sobre este segmento de negocio.
“Si el operador que resulte de la adquisición decide actuar formalmente bajo la figura de OMV, esa entrada podría reconfigurar el mercado de los OMV, si se considera que actualmente cuenta con más de 20 millones de líneas activas (…) Este escenario reforzaría la percepción de que el mercado de los OMV continúa creciendo y ganando relevancia en el sector móvil, pues la tendencia apunta a un segmento con modelos de negocio más definidos. En ese contexto, los usuarios finales podrían beneficiarse de ofertas más dinámicas y tarifas más competitivas”, dijo María Zorayda Maciel, consultora especializada en el segmento de los operadores móviles virtuales.
Luego de 25 años de presencia en México, Telefónica anuncia un trato para vender Movistar al equipo Melisa Acquisition, LLC, integrado por OXIO Inc. y Newfoundland Capital Management. La operación, cifrada en 450 millones de dólares, ahora está en la cancha de la CNA y la CRT para ser aprobada o rechazada en los siguientes meses.
En materia de competencia y concurrencia, no habría fricciones para que los reguladores palomeen la operación, porque Movistar no posee espectro y tampoco es un actor con poder sustancial de mercado. Incluso, si OXIO decide llevar Movistar hacia la Red Compartida, esta acción beneficiaría a una red celular que es, en parte, propiedad del Estado y financiada por éste.
“Dada la relevancia de Movistar México en nuestro país, será la primera operación de gran calado para la CNA y la CRT, la cual, bajo el nuevo modelo institucional, ya no podrá ser tratada por una sola autoridad que procese in house tanto los aspectos de competencia económica como los regulatorios. Por tanto, la coordinación interinstitucional será clave y la CNA lleva mano para definir si la operación pasa de forma lisa y llana, o de ser el caso, sujeta a condiciones. En principio, no parece ser una operación que pudiera representar algún riesgo mayor para el proceso de competencia y libre concurrencia en nuestro país”, dijo Rodrigo Guzmán Araujo, catedrático en derecho de las telecomunicaciones en la Universidad Nacional Autónoma de México.
“Este escenario abre también retos relevantes en materia de competencia en el sector de telecomunicaciones: La convivencia entre operadores tradicionales, nuevos modelos digitales y las iniciativas promovidas por el gobierno como habilitantes de conectividad, requerirá reglas claras que garanticen condiciones equitativas de participación en el mercado. En este contexto, el marco regulatorio heredado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones a la CRT y CNA ofrece bases institucionales importantes; sin embargo, la capacidad de respuesta de la nueva autoridad regulatoria en el otorgamiento de concesiones y autorizaciones a OXIO será determinante para lograr ser un habilitador de negocios”, acompañó Sandra Rodríguez, directora en Jurídica en Telecomunicaciones (Jentel).
Se dirá que Telefónica se perdió en el camino de México y que por ello hoy se desprende de Movistar. Sin embargo, su destino es más bien el síntoma de una industria local agotada: Un sector que exige un Capex intensivo bajo una regulación asfixiante y el espectro más caro de la región, sólo para obtener rentabilidades marginales.
A este complejo panorama se suma ahora la irrupción de los servicios satelitales, que amenazan con reconfigurar la cobertura tradicional, describió Héctor González, director de la consultora Nmap Consulting Group.
“Los operadores hoy enfrentan condiciones difíciles: Mucha inversión con retornos apretados y un debate global como el del Fair Share, que más allá de quién tenga la razón, deja ver que el modelo tradicional de conectividad está bajo presión. La pregunta es si el marco regulatorio tiene con qué acompañar lo que viene en el futuro con OXIO, porque se quisiera que estas noticias fueran de entrada de nuevos competidores, no de que uno cambia de manos. Esto es una oportunidad para preguntarnos si las condiciones del mercado mexicano alcanzan para generar más competencia real en el sector móvil”.
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