Un contundente informe del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) reveló que durante 2025 se registraron 278 agresiones contra trabajadores de prensa y medios de comunicación, una escalada del 55% respecto del año anterior. Se trata de la cifra más alta en los últimos 18 años y encendió todas las alarmas del sector.
   El relevamiento, titulado "El periodismo en riesgo", detalla que las agresiones alcanzaron a 374 víctimas y presentan una característica inquietante: más de la mitad de los casos corresponden a violencia ejercida directa o indirectamente por el Estado. El presidente Javier Milei concentró 119 de esos ataques, casi el 43% del total, consolidándose —de manera personal— como el principal agente de hostigamiento hacia la prensa en el país.
   Desde FOPEA advierten que lo más grave no es sólo el volumen de los ataques, sino la estrategia que subyace. "El poder político y judicial ha decidido cerrar filas contra la fiscalización. El Estado utiliza su arquitectura para asfixiar: el hostigamiento judicial y la exclusión de la pauta oficial funcionan como un cepo silencioso, que busca la autocensura, antes que el debate", denunció Fernando Stanich, presidente de la organización.
   Esa combinación de presiones —que incluye la discrecionalidad en la distribución de la publicidad oficial y el uso de recursos legales para amedrentar— configura, según el informe, un mecanismo de doble efecto: castiga al medio o periodista crítico y, al mismo tiempo, envía una señal disciplinadora al resto del ecosistema informativo. El resultado es un clima de cautela generalizada que erosiona la libertad de expresión y debilita el control ciudadano sobre los actos de gobierno.
   Los tipos de agresiones relevados abarcan desde insultos y descalificaciones públicas —sobre todo en redes sociales— hasta amenazas, hostigamiento judicial, restricciones de acceso a fuentes y cortes arbitrarios de la pauta oficial. El documento señala que la estigmatización presidencial contra medios y periodistas se ha convertido en un patrón sistemático, que luego replica buena parte de la estructura oficial.
   Organizaciones nacionales e internacionales de defensa de la libertad de prensa han expresado su preocupación por el deterioro del clima informativo en la Argentina. En ese sentido, el récord de ataques documentado por FOPEA representa mucho más que una estadística: es la foto de un vínculo crecientemente tenso entre el poder y el periodismo independiente, en un país donde la labor de la prensa resulta indispensable para la vida democrática. Mientras el Gobierno defiende su derecho a responder a lo que considera informaciones sesgadas, los periodistas reclaman condiciones mínimas para ejercer su tarea sin represalias. Entre ambos polos, los datos de 2025 dejan un saldo inequívoco: nunca en casi dos décadas se había atacado tanto a la prensa.
Fuente: diarionorte.com